Una visión filosófica del pensamiento empresarial y el management.

Por Juan Sobejano.

Hace tiempo que me vengo dando cuenta de que la evolución del management, al menos las teorías e ideas más innovadoras, va en una dirección muy concreta. Hay una serie de elementos que definen a ese management y que, creo yo, no son ajenos al pensamiento global de la sociedad en la que vivimos, como por otro lado es lógico. Hablo por ejemplo del Design Thinking (DT), el Service Design (SD), el Lean Startup (LS), e incluso el enfoque que se da a la innovación abierta, la disruptiva o el impacto que están teniendo las tecnologías sociales en la teoría del management.

Algunas características del pensamiento de gestión

¿Cuáles son esos elementos que creo que se repiten en todas estas teorías, enfoques, estrategias o conceptos? Expongo algunas sin querer ser exhaustivo.

1.-Relativismo. No ya sólo el hecho de que en el “ecosistema del management” coexistan teorías distintas, es que las propias teorías tienen en el relativismo uno de sus fundamentos. Tanto el DT como el SD o el LS son sobre todos procesos de ideación, de construcción, no son teorías de aplicación inmediata inmutables y sólidas (en el sentido físico). Son más bien estrategias maleables, personalizables y que ofrecen un acercamiento multifoco a los problemas y el desarrollo de proyectos.

Hay un relativismo tanto en la creación (de entrada) como en la aplicación (de salida), es decir, no hay dogmas en cuanto a los inputs que se utilizan en los procesos (muy interesante el enfoque de hibridación) como en la aplicación o los entornos en los que se han de aplicar esos procesos o ideas creadas.

2.-Personalismo. Un poco como consecuencia de lo anterior. El desarrollo de este tipo de estrategias tiene mucho que ver con una perspectiva individual en la que el trabajo y la visión y enfoque del mismo se nutre no sólo de lo académico, sino también de todo el bagaje personal que puede aportar cada individuo al proceso. Esto hace que surjan enfoques absolutamente heterodoxos pero no por ello menos efectivos. Incluso modelos aparentemente algo más estructurados como FORTH dan bastante libertad en el desarrollo del mismo.

3.-Practicidad. Todos suelen tener un enfoque muy práctico. El modelo “aprender haciendo” se observa claramente en la gamification y desde luego en estrategias como el Lean Startup o el Design Thinking. El Lean Startup, en concreto, habla incluso de la necesidad de que los empresarios lleguen, si es el caso, a desechar todas sus idas previas y creen proyectos completamente distintos partiendo del conocimiento de las necesidades del cliente. El Design Thinking, por su parte, tiene en el proceso de iteración y revisión constante del producto o servicio uno de sus puntos fuertes. Todos estos enfoques siempre apuestan por realizar las mejoras y pruebas no en el laboratorio, sino en el propio mercado y con, como en el caso del Lean, Productos Mínimos Viables.

4.-Razonamiento inductivo. A diferencia del razonamiento deductivo, que parte de unas premisas previas y ciertas, sobre las que se construye todo el razonamiento posterior, el inductivo es en cierto modo una interpretación subjetiva de la realidad, por supuesto utilizando procesos racionales sólidos. Lo que se consigue aquí es no poner límites a los resultados, puesto que no los hay en el origen, y ampliar el rango de materiales y elementos que pueden participar en el proceso. Evidentemente el razonamiento inductivo tiene el “problema” de que no crea teorías, sino modelos de interpretación abiertos. Esto hace que algunos hablen del Problema de la Inducción, señalando que ésta no genera conocimiento, sino que justifica opiniones más o menos fundadas.

5.-Gestión y consultoría artesana. Se nota una corriente muy interesante que busca la personalización y la ausencia de dogmas y tesis eternas incluso en la gestión y en la consultoría. Un movimiento como el de la Consultoría Artesana, nacido de algunos profesionales como Julen Iturbe, Amalio Rey, Alfonso Alcántara, Dolors Reig o José Miguel Bolívar, entre otros, proponen un modelo en el que la centralidad está en el ser humano; en el que las redes de relaciones y apoyo se muestran como una herramienta más de gestión, y además muy importante; que tiene en la práctica y en el hacer una fuente fundamental de conocimiento, y en el que el error (que no es sino la apuesta más evidente por la acción) aparece como una parte básica de la gestión y el camino hacia los objetivos marcados.

Benkler y Harris

Todo esto nos lleva a un enfoque en el que la individualidad tiene una fuerza innegable. Dice Yochai Benkler en su libro El pingüino y el leviatán, que nuestra capacidad de tomar decisiones y el enfoque que les damos depende mucho del marco en el que nos movamos, de las claves que rijan el entorno y de las señales que este entorno nos lance. Hasta la realidad se personaliza.

Ya Marvin Harris, antropólogo estadounidense que creó la corriente del materialismo cultural, señaló que nuestras culturas y los signos y acciones que las componen dependen mucho de nuestro entorno y de la realidad material que nos rodea. En realidad lo que hacemos es dar una pátina de cultura que justifique acciones que tienen su nacimiento en necesidades biológicas en muchos casos. Pone el ejemplo de las culturas mayas y aztecas, que desarrollaron un modelo cultural en el que el canibalismo cumplía una función aparentemente de socialización y cohesión colectiva, pero que en realidad era la respuesta a la falta de proteína animal que tenían que sufrir esos pueblos en las tupidas selvas sudamericanas.

Como se ve se busca particularizar la realidad, interpretarla desde una perspectiva casi individual, o al menos grupal. Tendencia que cuadra perfectamente con los modelos, ideas y estrategias empresariales que hemos comentado.

El platonismo

Todo esto se desarrolla, como he dicho al principio, en medio de un modelo filosófico y un entorno conceptual muy distinto del anterior. Nuestra filosofía occidental bebe de las fuentes del platonismo y de toda la filosofía griega. Básicamente el platonismo plantea una dualidad entre un mundo de los sentidos, en el que nos movemos habitualmente y que está repleto de realidades imperfectas, y un mundo de las Ideas, habitado por esos conceptos, ideas y modelos perfectos hacia los que ha de tender el ser humano. Por ejemplo, cuando hablamos del Bien (la idea suprema) existe ese modelo de perfección, que no existe en el mundo de los sentidos pero sí en el de las Ideas, al que la realidad de los sentidos, imperfecta, ha de aspirar.

Esto, aplicado al pensamiento científico, implica la existencia de una Verdad (no necesariamente religiosa, pero que sí ha nutrido por ejemplo al cristianismo) desde la que nace todo el pensamiento deductivo posterior. La filosofía trata entonces de determinar cuál es esa Verdad, para a partir de ella crear una visión del mundo, que ha de ser la correcta porque parte de esa premisa cierta y desde la que deriva todo el pensamiento posterior.

Aplicado al management supone la plasmación de un modelo de gestión (que por lo general se considera “científico”) que no parte de la realidad sensual y empírica, sino de una construcción académica y “de laboratorio” de la que se derivan aplicaciones reales. El problema en estos casos es que esas construcciones y teorías, por mucho que utilicen la razón, no pueden tener en cuenta las particularidades de cada momento, de cada empresa, de cada mercado, de cada producto o segmento. El encaje es en muchos casos imposible y se generan disfunciones que se suelen atribuir a la mala ejecución de la teoría más que a la invalidez de la misma.

Cambios en las ideas

Esta forma de entender la realidad, la filosofía y la razón pierde poco a poco fuerza. No es, por supuesto, un cambio puntual, sino muy gradual y que siempre deja corrientes y escuelas incluso hasta nuestros días, incluso en disciplinas como las matemáticas. Este cambio se ve claramente en un movimiento como el del Romanticismo, que se presenta como un movimiento cultural que cambia la perspectiva de modo que el ser humano pasa de ser un elemento del mundo a ser el creador de ese mundo, de un enfoque racionalista a un enfoque en el que los sentimientos y todo lo que nos define como humanos pasa a un primer plano

No estoy haciendo un juicio de valor ni posicionándome frente al platonismo. Considero que un modelo de pensamiento platónico es muy válido e incluso necesario en algunos ámbitos, sobre todo en el de la filosofía práctica (política y ética), de modo que al menos dé un barniz de solidez y marque algunos criterios de validez cierta a principios morales o sociales.

Lo que sí parece claro es que la tendencia es hacia el alejamiento de este enfoque “platonista”. Comenta Javier Gomá, en su artículo Ensayo de filosofía mundana, que

“Kant distingue entre un concepto de escuela y un concepto mundano de filosofía. El primero se preocupa del saber y la perfección lógica del conocimiento, y su sede es la universidad, donde, dice, se enseña filosofía pero no a filosofar ni a pensar por sí mismo de modo autónomo.”

“El universalismo igualitario se hallaría mucho más cerca del segundo concepto de filosofía, el “mundano”, también traducido como concepto cósmico o cosmopolita. Filosofía mundana o cosmopolita es, conforme a esta división, la ciencia interesada en la conexión de todos los conocimientos con los fines esenciales de la razón humana.”

Verdad y veracidad

Lo que estamos viendo es el triunfo de la veracidad sobre la verdad. La verdad, sigo con Javier Gomá, es “algo que se predica de las proposiciones lógicas y compara la correspondencia de éstas con el objeto”. En realidad tiene mucho que ver con la lógica, y sobre todo con la lógica formal, que Alfredo Deaño, es su fantástico Introducción a la Lógica Formal, se dedica a la localización de tautologías, un pensamiento que tiene en su propia estructura formal la verdad (por ejemplo: yo soy más alto que Pepe, Pepe es más alto que Luis, luego yo soy más alto que Luis). Exagerando mucho se podría decir que la verdad es el resultado del descubrimiento de esas tautologías que están en la realidad.

La veracidad, en cambio, “compara esa misma proposición, declaración o juicio con la conciencia del sujeto: no atiende a la concordancia del juicio con la realidad sino al asentimiento que a sus contenidos le presta quien emite o quien escucha dicho juicio.” En este caso no se busca tanto la Verdad, como lo que para cada uno es verdad. La diferencia es evidente, y además abre muchas vías para la innovación y el desarrollo del pensamiento disruptivo. Porque cuando una tautología aparece ésta finaliza en sí misma, pero cuando un juicio es veraz tiene un campo de investigación y desarrollo mucho mayor y amplio.

Al fin y al cabo, y vuelvo a la exageración, ¿no supone la Verdad el fin del pensamiento o al menos de su evolución? ¿No sería el fin de la historia?.

Hemos pasado de esperar a que nos enseñen filosofía a filosofar, de esperar a que nos digan cómo hemos de gestionar nuestras empresas a crear los modelos de gestión que mejor se adaptan a nuestra realidad individual. Ya no hay verdades absolutas, y no sólo eso, sino que cualquier conocimiento es válido y utilizable en cualquier rama del saber, también en el management. Ya no vale quedarse en un enfoque académico, y aquí sí me estoy posicionando, sino que hemos de estar abiertos a toda influencia externa que nos pueda enriquecer. Las tecnologías sociales están acelerando esto, pero no es un fenómeno nuevo ni una moda. La apertura de las empresas empieza por la apertura del pensamiento creativo que les da forma.

Vamos a ver cosas sorprendentes en el futuro.

Enlace: http://www.juansobejano.com/

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